El combate medieval no se entiende solo desde afuera. Para capturar su verdadera esencia hay que conocer el peso de una armadura, la tensión antes del choque y el caos controlado que se vive dentro de la liza. Hernán Quevedo no solo lo sabe: lo vive.
Referente de la fotografía de combate medieval en América Latina, Hernán combina la mirada técnica del luchador con la sensibilidad narrativa del fotógrafo. Sus imágenes no buscan el golpe fácil ni la postal estética: buscan contar lo que pasa cuando el acero choca, cuando la estrategia se pone a prueba y cuando la comunidad sostiene al individuo.
En esta entrevista, Hernán recorre su llegada al deporte, su doble rol dentro y fuera del combate, los desafíos de fotografiar una disciplina extrema y el poder de la imagen como herramienta para construir identidad, memoria y profesionalización en el combate medieval latinoamericano.
¿Cómo llegaste al combate medieval y qué te atrapó del deporte
Siempre asistí a ferias medievales. Me gustaba el ambiente, el clima, pero durante mucho tiempo lo observé desde afuera. El verdadero clic ocurrió cuando fui a ver pelear a mi mejor amigo del secundario con su equipo, Yunque y Martillo. Aunque ya lo había visto en otras oportunidades, esa vez fue distinta: dejé de mirar el espectáculo y empecé a ver el deporte.
Venía de una búsqueda personal bastante frustrante. Había intentado con vóley y otras disciplinas, pero siempre me encontraba con la misma barrera: cuando querés arrancar un deporte pasada la adolescencia, muchos entrenadores no te toman en serio. Te dan una pelota para que te diviertas, te encasillan en lo recreativo y te prestan poca atención.
Mi búsqueda no era un pasatiempo. Yo necesitaba encontrar a alguien que me tomara en serio.
“Dejé de mirar el espectáculo y empecé a ver el deporte.”
Eso fue exactamente lo que encontré en Yunque. Desde la primera clase me atrapó una disciplina poco común, exigente, distinta. Pero, sobre todo, encontré en Gabriel Paolucci al instructor que necesitaba: alguien con seriedad, conocimiento y una exigencia técnica absoluta. No le importaba mi edad ni mi experiencia previa, solo mis ganas de entrenar y mi compromiso con el deporte.
Si bien llegué por el deporte, me quedé definitivamente por la comunidad. Lo que terminó de atraparme no fueron solo los combates, sino todo lo que pasa alrededor de la liza: la vida de campamento, el sonido constante de las herramientas acomodando armaduras, la camaradería.
Es un ambiente único, donde la competencia convive con una solidaridad absoluta. En este deporte, la persona que dos minutos antes te estaba golpeando con un hacha en la cabeza es la misma que después te ayuda a ajustarte la correa del escudo porque se te soltó. Encontré una comunidad que funciona con códigos de honor, respeto y palabra que, lamentablemente, a veces siento que faltan en la vida cotidiana.
Fotografía deportiva: del combate al lente
La fotografía deportiva fue mi forma de plasmar la belleza del combate desde una perspectiva diferente. Sentía que muchas veces la imagen externa no le hacía justicia a la intensidad técnica y física que vivimos dentro de la liza. Como luchador, uno está constantemente en “modo supervivencia”; como fotógrafo, en cambio, te convertís en un observador analítico.
“Como luchador estás en modo supervivencia; como fotógrafo te volvés analítico.”
Me dediqué a la fotografía con un objetivo claro: congelar esos momentos épicos que, en la vorágine de la pelea, duran milisegundos y se pierden. Siempre manejé estas dos pasiones por carriles separados. Cuando voy como luchador, mi foco es absoluto en el combate, el equipo y la estrategia. Cuando voy como fotógrafo, mi mente cambia de chip y se vuelve puramente observadora.
Sin embargo, mi experiencia como peleador es mi mayor ventaja con la cámara. Entiendo la biomecánica de los movimientos. Aunque no esté peleando ese día, leo el combate como si estuviera adentro. Sé cuándo va a venir un derribo o una carga antes de que suceda, y eso me permite estar listo para disparar antes que nadie.
“Esto no es una recreación: es un deporte de contacto.”
A su vez, la fotografía también me hizo mejor luchador. Aprendí a observar errores y aciertos desde afuera, a analizar el combate con otra profundidad.
Actualmente estoy pensando en romper esa separación. El próximo torneo, el Río de la Plata III, representa un desafío personal: estoy evaluando combinar ambas cosas. La idea es pelear con la máxima exigencia y, en los breves descansos, documentar el evento desde adentro. Es una prueba mental y física brutal, pero me motiva el desafío de gestionar esa doble adrenalina y narrar el torneo desde una perspectiva única.
La imagen más desafiante
No podría quedarme con una sola foto. El mayor desafío no es una imagen puntual, sino la tarea constante de intentar plasmar la adrenalina y la violencia del deporte en un solo instante.
Si pienso en momentos particularmente desafiantes, uno fue durante el torneo Río de la Plata II, en las rondas de buhurt. Creo que era un combate entre Valherjes e Ignis. Buscando un ángulo diferente, me posicioné prácticamente debajo de la liza, usando los huecos de la estructura de madera como una especie de trinchera.
“La liza colapsó encima mío.”
En un momento, una masa de cinco luchadores cayó justo encima de mi posición. Lo que más recuerdo no fue solo el riesgo, sino el sonido ambiente: los golpes contra la madera, los gritos desesperados dando órdenes tácticas en medio del caos. Estar ahí abajo, asomando el lente mientras el combate literalmente se te viene encima, fue el momento más real y desafiante que me tocó capturar.
Consejos para fotografiar combate medieval por primera vez
Lo primero y principal es romper con la ingenuidad: esto no es una recreación, es un deporte de contacto. La seguridad tiene que ser la prioridad absoluta. Nunca confíen ciegamente en las vallas ni se apoyen en ellas. Siempre hay que tener un ojo en el visor y el otro escaneando el entorno.
Desde lo técnico, el combate medieval es una pesadilla para el enfoque. El metal brillante engaña a los sensores y el movimiento es explosivo. Mi consejo es usar una velocidad de obturación alta, o van a volver a casa con un book de “manchas plateadas”. No expongan para el metal: busquen el detalle en las sombras, en los espacios entre la armadura.
Finalmente, es fundamental estudiar el reglamento. No vayan a buscar solamente gente pegándose. Están cubriendo un deporte reglado, y las reglas determinan dónde está la acción. Conocerlas permite anticipar el clímax del combate y transforma la cámara en una herramienta de precisión.
“Dejás de pescar fotos por suerte y empezás a cazarlas por conocimiento.”
Fotografía, comunidad y construcción del deporte en Latinoamérica
La fotografía es mucho más que un registro: es una herramienta de construcción de identidad. En Latinoamérica, donde el deporte se sostiene a pulmón gracias al esfuerzo de la comunidad, una imagen profesional funciona como una validación de ese trabajo.
Mi búsqueda fotográfica apunta a dos frentes. Por un lado, inspirar. Cuando alguien en Argentina, Chile, Brasil o México ve una imagen épica de un torneo local, entiende que no necesita viajar a Europa para vivir esto. Estamos construyendo nuestra propia historia, y documentarla crea memoria, pertenencia y orgullo.
Por otro lado, apunto a la profesionalización. Una buena imagen abre puertas: sponsors, medios, reconocimiento. Ayuda a romper el prejuicio de que esto es un juego o una recreación. Cuando el luchador se ve retratado con seriedad, termina de convencerse de que es un atleta. Mi objetivo es documentar esa realidad y demostrar que Latinoamérica tiene el nivel, la intensidad y el profesionalismo para competir en cualquier parte del mundo.
La historia de Hernán Quevedo condensa el espíritu del combate medieval en Latinoamérica: compromiso, excelencia y una comunidad que se construye desde el esfuerzo compartido. Su doble rol como luchador y fotógrafo demuestra que el crecimiento del deporte no depende únicamente de lo que ocurre dentro de la liza, sino también de cómo se lo registra, se lo comunica y se lo proyecta con profesionalismo hacia el exterior.
Desde la Alianza Latinoamericana de Combate Medieval (ALACoM) valoramos profundamente el aporte de Hernán a la difusión del deporte y a la construcción de una identidad regional sólida. Muy pronto lo veremos nuevamente en acción en el Torneo Río de la Plata III, asumiendo el desafío de vivir el combate desde adentro y, al mismo tiempo, narrar visualmente uno de los eventos más importantes del calendario latinoamericano.

