Miguel García y la batalla más difícil: desarrollar el deporte lejos de Buenos Aires
Miguel García no solo es el Capitán de Guardianes del Oeste. Es, desde 2014, uno de los principales responsables de que el combate medieval exista y resista en la región de Cuyo. Fundador, formador y referente, su historia es también la historia del desarrollo del deporte en Mendoza y, en muchos aspectos, en el interior profundo de Argentina.
En esta entrevista, comparte su recorrido, analiza las desigualdades estructurales con el foco porteño y deja una mirada clara —y sin maquillaje— sobre lo que implica sostener el acero lejos del centro.
Los inicios: fundar desde cero
El recorrido de Miguel García en el combate medieval comenzó casi por accidente, pero rápidamente se convirtió en un proyecto de vida.
“Comencé a principios de 2014, cuando me enteré, por una publicación random en Facebook, que el deporte existía, y que había ya clubes en Buenos Aires.”
Lo que parecía una simple curiosidad se transformó en desafío cuando descubrió que en Mendoza no existía ningún club.
“Me comuniqué para averiguar si había algún club en Mendoza y la respuesta fue que no había nadie, así que lo iba a tener que empezar yo. Y así lo hice.”
Sin estructura previa, sin referentes locales y con escaso material disponible, comenzó a construir lo que hoy es Guardianes del Oeste.
Construir en el desierto: el crecimiento en Mendoza
Los primeros años fueron, literalmente, de aprendizaje autodidacta. Viajar, observar, tomar notas y volver a empezar.
“Viajé a presenciar algunos torneos que se hicieron ese año, sacar fotos y tomar notas. Con ese conocimiento inicial volví a mi provincia y fundé Guardianes del Oeste.”
Lo que siguió fue una etapa extensa de prueba y error. Doce años atrás, el acceso a información sobre técnica, entrenamiento o fabricación de equipamiento era limitado.
“Fueron varios años de prueba y error. Hoy en día hay mucho más contenido y facilidad para acceder a él, pero hace 12 años era más complicado.”
La dinámica era clara: entrenar, viajar cuando se podía, competir, detectar falencias y volver a replantear todo desde casa.
Con el tiempo, el club tomó forma. Surgieron nuevos practicantes y eventualmente aparecieron otros clubes en la provincia, algunos impulsados por exintegrantes de Guardianes del Oeste que decidieron abrir su propio camino.
El interior y la desigualdad estructural
Cuando se le pregunta por el desarrollo del deporte fuera de Buenos Aires, Miguel no elige el camino diplomático. Su diagnóstico es directo.
“La verdad incómoda de tragar es que desarrollar el combate medieval en el interior ha sido siempre más difícil, más cuesta arriba, que en Buenos Aires.”
Menos recursos, menor cantidad de practicantes, menos torneos y mayores costos logísticos son parte de una ecuación desigual.
“‘Dios está en todas partes, pero atiende en Buenos Aires’ aplica sin duda alguna.”
En Mendoza, además, existe un componente cultural particular.
Según García, el mendocino es históricamente reticente a lo nuevo. Incluso después de más de una década de trabajo constante, la difusión sigue siendo un desafío, así como la obtención de espacios de entrenamiento y financiamiento.
“Aun después de 12 años, cuesta difundir el deporte, conseguir espacios donde se pueda entrenar, y ni hablar de financiamiento.”
Sin embargo, la resiliencia se convirtió en identidad.
“Se aprende con lo poco a hacer mucho, y nos las arreglamos para tratar de seguir el ritmo al resto del país.”
La colaboración nacional: una realidad compleja
Otro punto sensible es la colaboración entre regiones. La mirada de García vuelve a ser honesta.
“Históricamente, la colaboración ha sido escasa. La realidad es que el que no está acá no termina de entender cómo es llevar adelante el deporte en el interior.”
La falta de peleadores y la escasez de torneos impactan directamente en el nivel competitivo.
“Tener una competencia o un encuentro full-armor entre clubes al mes es idílico para nosotros. Tener dos o tres encuentros al año lo consideramos un buen ciclo.”
Los intentos de generar seminarios y encuentros federales en el interior existieron, pero con el tiempo la convocatoria disminuyó. La lógica es clara: mientras Buenos Aires concentra actividad constante, el interior depende del viaje para competir.
Aun así, destaca un cambio en los últimos años.
“Sí destaco la colaboración de ALACoM desde que comenzó sus actividades, que ha dado más participación a peleadores del interior, organizando seminarios, dando facilidades para viajar a torneos tanto en Buenos Aires como al exterior, y más visibilidad a los clubes del interior.”
Guardianes del Oeste: resistir y proyectar
El presente no está exento de dificultades. El club perdió recientemente el convenio con el gimnasio donde entrenaba y hoy se encuentra sin sede fija.
“Honestamente ha sido un principio de año duro. Perdimos el convenio con el gimnasio y actualmente estamos sin sede, volviendo a entrenar en una plaza como los viejos tiempos.”
Lejos de interpretarlo como retroceso, lo asumen como parte del camino.
Pero también hay noticias que marcan un punto de inflexión para el club.
“Hemos logrado completar más armaduras, lo que nos va a permitir pronto comenzar a participar de torneos con nuestro propio equipo de bohurt 5vs5.”
Para algunos puede sonar menor. Para Guardianes del Oeste significa algo histórico.
Cabe resaltar que este año han tenido más actividad en el interior, con encuentros en Córdoba y San Juan, además de la famosa Coalición Carpincho, con la que esperan volver a participar este año en el Torneo Río de la Plata III.
“Va a ser el primer equipo completo de Guardianes desde que comenzamos.”
Más que un club: una bandera del interior
La historia de Miguel García y Guardianes del Oeste es, en esencia, la historia del combate medieval en el interior argentino: esfuerzo silencioso, logística compleja, menos recursos y más convicción.
En un deporte donde la épica suele medirse en golpes y victorias, el verdadero mérito muchas veces está en sostener la práctica donde parece más difícil hacerlo.
Y en Cuyo, el acero sigue sonando.





