El combate medieval en Latinoamérica ya no es una promesa: es una construcción colectiva en marcha. Y pocos lo expresan con tanta claridad como Osvaldo Castañeda, Embajador de ALACoM en México, quien en el último año recorrió algunos de los escenarios más exigentes del circuito internacional.
Desde Río de la Plata II hasta Italia y Vyborg, su experiencia sintetiza el momento que vive la región: crecimiento técnico, identidad propia y ambición internacional.
Río de la Plata II: más que competencia, identidad
Para Castañeda, el Torneo Río de la Plata II marcó un antes y un después. No solo en lo deportivo, sino también en lo humano.
“Fue un punto de inflexión no solo para mí, sino también para mis compatriotas que me acompañaron en este reto.”
El mexicano destaca que el nivel técnico de los equipos regionales evidenció una evolución clara. Según explica, el combate ya no se apoya únicamente en la fuerza física, sino en estrategias cada vez más trabajadas y en una lectura táctica más profunda.
“Ya no es solo fuerza bruta.”
Pero el cambio más significativo fue humano. La competencia permitió consolidar vínculos que superaron fronteras.
“Empezó a formarse una hermandad que rompió la barrera de la distancia entre nuestros países, y con cada reto internacional se fue reforzando.”
En un contexto donde las limitaciones económicas son una constante en la región, esa hermandad se transforma en sostén estructural del deporte.
“En Latinoamérica no estamos solo combatiendo: estamos construyendo una identidad.”
El choque internacional: Italia, Vyborg y Rusia
El salto a Europa fue mucho más que simbólico. Representó un desafío técnico, físico y metodológico.
“Ese recorrido fue un verdadero reto, el choque de realidad era necesario.”
En Italia vivió su primera experiencia en modalidad 12 vs 12 y combates masivos, incluyendo su primer enfrentamiento frente a equipos rusos. Modalidades que no son habituales en Latinoamérica y que exigen una coordinación colectiva y profundidad estratégica de alto nivel.
Giostra Di Giovani dejó aprendizajes tácticos concretos. Allí, junto al equipo de Lobo Negro, encontró exigencia deportiva y también comunidad.
“Estoy enormemente agradecido por el recibimiento y el cobijo que me dieron como si fuera uno más de la manada.”
Luego llegó Vyborg, el evento más grande del mundo en combate medieval. Más que un torneo, un símbolo histórico del deporte.
El entrenamiento con el Club Bern en San Petersburgo profundizó la experiencia. Más allá de la técnica, Castañeda destaca la metodología.
“La disciplina, la constancia y la atención a los pequeños detalles pueden marcar una gran diferencia en los combates.”
La comparación estructural con Europa es inevitable: infraestructura, acceso a materiales de alta calidad y profesionalización continúan siendo ventajas claras. Sin embargo, lejos de verlo como una barrera, lo entiende como un estímulo.
“En Latinoamérica, a pesar de las diferencias, existe un enorme potencial para seguir creciendo. El peleador latinoamericano ha construido una identidad propia.”
Río de la Plata III: consolidación regional
Con el aprendizaje internacional como base, la tercera edición de Río de la Plata se proyecta con expectativas altas.
A nivel deportivo, anticipa un torneo más agresivo en lo técnico y táctico, producto de la experiencia adquirida en el exterior y la preparación que los equipos vienen desarrollando.
Pero el impacto trasciende el campo de batalla.
“A nivel cultural, este torneo representa la unión de nuestra comunidad regional y puede ser un motor para inspirar a las nuevas generaciones.”
Sin rodeos, afirma que Río de la Plata es hoy el torneo más grande de Latinoamérica. Y proyecta un futuro cercano en el que el evento se consolide como referencia internacional, capaz de atraer equipos de élite europea, como ya ha sucedido con Bande Nere.
Latinoamérica ya no observa desde afuera. Compite, aprende, se profesionaliza y, sobre todo, construye identidad. Y en ese proceso, voces como la de Osvaldo Castañeda representan mucho más que a un país: representan a una región decidida a ocupar su lugar en la historia del combate medieval.





