Capitán de Yunque & Martillo (Rosario), preparador físico, herrero, instructor de combate y marshal, Gabriel Paolucci es una de las voces que sostienen y empujan el crecimiento del combate medieval en el interior de Argentina. Su recorrido combina formación marcial, estudio técnico y construcción colectiva.
De los deportes de tiempo y marca al acero
En su adolescencia, Gabriel practicó artes marciales tradicionales chinas durante tres o cuatro años. Antes de eso, se dedicaba al entrenamiento y competencia en deportes de tiempo y marca, principalmente natación y atletismo.
“En mi época de estudiante me mantuve activo en diferentes deportes, compitiendo en natación y complementando con gimnasio básico”.
Su primer contacto con el mundo medieval llegó en 2013, de la mano de los artesanos de Espadas Medias, quienes coordinaron un grupo abierto en parques para iniciar actividades de recreacionismo y ferias medievales en Rosario. De allí surgió un grupo interesado en el combate medieval.
“Este hecho es MUY IMPORTANTE en la zona ya que de allí salieron los 2 equipos de combate de la ciudad y uno de recreacionismo, que siguen activos en la actualidad (2026)”, remarca.
En enero de 2014 participó de su primer torneo de bohurt y la conclusión fue inmediata: “necesito aprender a pelear con armas”. Ese mismo año comenzó a entrenar Eskrima Kombat (EK) y Artes Marciales Filipinas (AMF) con Diego Carenzo, quien luego sería su instructor y amigo, certificándose con el tiempo como instructor y adaptando esos sistemas al reglamento de combate medieval.
En febrero de 2014 fundó el club “Yunque & Martillo”. Paralelamente inició estudios en musculación deportiva (2014) y preparación física (2016), mientras desarrollaba su trabajo en herrería y forja de armaduras, actividad que continúa hasta hoy.
El crecimiento del interior: constante y sostenido
Para Gabriel, el desarrollo del deporte en el interior “crece de a poco, pero sin pausa”. Señala que esto se evidencia en la comunidad y en la participación en torneos de ALACoM, especialmente por la variedad de representantes del centro-norte del país.
“Los equipos van contando con más armaduras y luchadores, y las coaliciones empiezan a ser más grandes”.
Menciona especialmente el núcleo activo en Tucumán y el intercambio de eventos en la zona andina con equipos de Chile. También destaca el trabajo territorial que realizan junto a otras provincias.
En abril participarán de una feria en Esperanza (Santa Fe), donde brindarán un seminario de combate y asesoramiento en historicidad a un equipo en formación. El evento contará con apoyo municipal y una exhibición con formato de torneo de duelos “a la carta”, además de combates de bohurt abiertos.
En Rosario y la zona, los eventos de exhibición —muchos con aval de áreas de cultura— se han consolidado en el tiempo, algunos con más de diez años de realización.
Carpincho: más que una coalición
Al definir a Carpincho, Gabriel no habla primero de estrategia sino de vínculos:
“Creo que es la representación de las ganas de formar un grupo de amigos que comparten una actividad que les apasiona, más allá de la liza”.
Resalta el rol de quienes acompañan desde la logística, la escudería, la armería y la representación. “Todo ese sostén logístico de equipo lo empecé a vivir con ellos”.
Coordinar luchadores que viven en distintas provincias —AMBA, Córdoba, Mendoza y Rosario— es un desafío. “Es difícil hacer coordinar a un equipo de gente que entrena junta, imagínate gente que no lo hace”.
Su mirada sobre la construcción de equipo es clara: “Para mí, el mejor equipo no está formado por los 5 mejores individuales, sino por los 5 mejores que pueden entrenar juntos”.
Por eso trabajan en “racimos” de dos o tres luchadores que puedan entrenar dinámicas en conjunto y capitalizarlas dentro del equipo mayor. Además, siempre buscan contar con un capitán o representante no luchador que pueda cumplir el rol técnico, coordinar cambios y dar indicaciones entre rounds, algo clave en equipos heterogéneos.
Dos equipos en competencia: pertenencia y realidad
Presentar dos equipos en el próximo torneo es, para Gabriel, un logro que excede lo deportivo:
“Haber logrado 2 equipos dentro de una coalición es el reflejo del gran nivel humano que se alcanzó”.
Lo define más como una cuestión de pertenencia que de competitividad pura. Incluso si debieran enfrentarse entre sí, asegura que lo harán “de la manera más honesta posible, con respeto y sin miramientos”.
Respecto a las expectativas, su enfoque es realista: “Las expectativas van de la mano de los objetivos, y los objetivos de la mano de la realidad”.
Con equipos fuertes en competencia, el podio no es la meta inmediata, pero sí aspiran a obtener victorias generales. La estrategia se construyó separando de forma equitativa posiciones de tanque y apoyo, asignando movilidad y capacidad de asistencia según las estructuras funcionales. Por eso, no necesariamente todos los luchadores de un mismo club integran el mismo equipo.
Cada escuadra definirá su plan según los oponentes que le toquen en zona.
Y, finalmente, hay algo que atraviesa todo: “Creo que lo más esperado por todos es el reencuentro de Carpinchos y la cena en el hotel con el resto de los equipos del interior y los de Latinoamérica”.
Porque en el combate medieval del interior, como demuestra su recorrido, el acero se forja tanto en la liza como fuera de ella.




