Más mujeres, más acero: el crecimiento del combate medieval femenino en Latinoamérica este 8M
Cuando las mujeres toman la liza: voces que están transformando el combate medieval en Latinoamérica
Durante años el combate medieval fue percibido como un deporte dominado por hombres. Sin embargo, en toda Latinoamérica una nueva generación de luchadoras, capitanas y referentes está cambiando ese panorama desde dentro de la liza. No se trata solamente de competir: se trata de construir espacios, abrir caminos y consolidar una comunidad que crece torneo tras torneo.
En esta nota especial conversamos con Sara Lagos (Chile), Brenda Graziano (Argentina), Adriana Isaak – “Armanda” – (México) y Bia Bishop (Brasil), cuatro referentes que representan diferentes trayectorias dentro del combate medieval. Desde la construcción de equipos femeninos hasta la experiencia en competencias internacionales, sus voces reflejan un proceso que hoy atraviesa a toda la región.
Construir un equipo donde antes no lo había
En Chile, Sara Lagos es una de las capitanas de Manada Licana, el primer equipo femenino y disidente de combate medieval del país. Su historia refleja cómo muchas veces el crecimiento del deporte femenino surge de la iniciativa de las propias luchadoras.
“El contexto nos presionó a tomar una decisión y nos independizamos. Entonces me convertí en una de las capitanas. Ese fue el momento donde el compromiso se volvió real.”
La historia del equipo comenzó en 2017, inicialmente como una infantería femenina dentro de un equipo mixto. Con el tiempo, las luchadoras decidieron independizarse y formar su propio proyecto deportivo. Ese proceso implicó mucho más que pelear.
“No es solo ponerse la armadura y pelear. Es saber las reglas, escuderear, planificar campañas, entrenar y confiar en tu equipo.”
Hoy la Manada Licana no solo compite: también organiza encuentros, torneos y espacios de visibilización para nuevas luchadoras. Uno de ellos fue el evento Pelea como Chica, donde peleadoras de distintos clubes pudieron enfrentarse y presentar públicamente sus proyectos deportivos.
Para Sara, el crecimiento femenino depende de algo clave: la conexión entre luchadoras.
“La comunicación es vital. Muchas veces basta con que una mujer se inscriba a un torneo para que otras se animen a hacerlo.”
Liderar equipos y abrir camino
En Argentina, Brenda Graziano, conocida en el ambiente como “Roja”, lleva más de una década vinculada al combate medieval. Es presidenta del club Ignis Bellum y capitana del equipo femenino Quimeras, uno de los proyectos más sólidos de la escena argentina.
Su recorrido comenzó hace once años y fue creciendo junto al propio desarrollo del deporte en el país.
“Siempre trato de difundir el deporte para las mujeres en donde puedo, porque lo que se aprende en este deporte me parece muy importante.”
Dentro de su club, Brenda se involucra directamente en el acompañamiento de nuevas luchadoras, participando en los entrenamientos y ayudando a resolver cuestiones prácticas para que puedan desarrollarse dentro del deporte.
“Cuando llega una compañera nueva trato de aconsejar desde mi experiencia, entrenar con ellas a la par y ayudarlas a conseguir lo necesario para desenvolverse en el deporte.”
Para ella, uno de los desafíos actuales es revisar ciertas prácticas naturalizadas dentro del ambiente.
“Las mujeres en los entrenamientos no necesitamos tanto ‘cuidado’, sino acompañamiento.”
Ese acompañamiento implica generar condiciones reales para que las luchadoras puedan entrenar y competir en igualdad de oportunidades.
Del entrenamiento local al escenario internacional
El combate medieval latinoamericano también ha comenzado a proyectarse en los escenarios internacionales. Un ejemplo es el recorrido de Adriana Isaak, conocida como “Armanda”, quien llegó a competir en WMFC en Moscú.
Su camino hacia esa experiencia fue relativamente rápido, pero estuvo respaldado por años de práctica en artes marciales.
“Antes de entrar al combate medieval estuve varios años en artes marciales. Esa preparación me dio muchas bases técnicas y disciplina para entrenar.”
Cuando decidió competir en Moscú, el desafío fue enorme. Su preparación se basó en un entrenamiento intensivo en las semanas previas.
“Para la pelea en Moscú entrené diario durante el mes previo. Un compañero iba a mi casa de lunes a viernes para hacer sparring en armadura.”
Desde su mirada, el potencial de Latinoamérica es enorme, pero depende de generar entornos seguros y visibles para las mujeres.
“Creo que tenemos muchísimo potencial. Lo principal es fomentar un entorno donde las mujeres se sientan seguras y valoradas.”
También destaca el rol que pueden cumplir los clubes y compañeros en ese proceso.
“Lo principal es apertura, comprensión y apoyo. Formar comunidades entre peleadoras ayuda mucho a que las chicas ganen confianza.”
Superar límites físicos y mentales
En Brasil, la historia de Bia Bishop muestra cómo el combate medieval puede transformar completamente la relación de una persona con su propio cuerpo.
Ingeniera eléctrica y luchadora desde 2019, Bia ha conseguido resultados destacados en la escena internacional, incluyendo títulos mundiales en espada y broquel en torneos de IMCF.
“Cuando entré al deporte era muy delgada. Con el tiempo vi mi cuerpo cambiar, desarrollar músculos y superar límites que no imaginaba.”
La experiencia competitiva también le enseñó a convivir con la presión y la ansiedad que acompañan cada combate.
“Cada vez que entro a la arena siento un enorme frío en el estómago. Esa sensación nunca desaparece, pero es parte de la emoción del deporte.”
Para Bia, las redes de mujeres dentro del deporte cumplen un rol fundamental.
“Inspirarse en otras luchadoras es uno de los primeros pasos para alcanzar una meta.”
Ella misma reconoce haberse inspirado en referentes internacionales antes de enfrentarlas en la liza.
Pero más allá de las medallas, su motivación principal sigue siendo demostrar que las mujeres tienen un lugar legítimo dentro del deporte.
“Las mujeres queremos siempre superarnos y mostrar que merecemos espacio en el deporte tanto como los hombres.”
Un deporte que está cambiando
Las historias de estas luchadoras muestran realidades distintas, pero también un punto en común: el combate medieval femenino en Latinoamérica está creciendo.
Cada torneo suma nuevas participantes. Cada equipo femenino que se forma abre una puerta para otras luchadoras. Y cada experiencia internacional demuestra que la región tiene talento para competir en cualquier escenario.
El desafío ahora no es solamente competir, sino consolidar ese crecimiento.
Como resume Sara Lagos al hablar del futuro del deporte:
“La competencia femenina mejora cuando entre todas nos respetamos, nos apoyamos y hacemos camino para que se unan más.”
Ese camino ya está en marcha.
Y cada vez son más las mujeres que deciden recorrerlo armadura puesta.
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